A pesar de que todos me decían que el viaje sería comlicado, dejé de lado todos los prejuicios y me atreví a descubrir Egipto. ¡La sorpresa fue increíble!
Con incontables arrecifes de coral, comida cargada de crema de coco y una especial onda polinésica, hoy les presento a mi propio Atlantis: Kiribati.
Después de Iquitos y del viaje en el barco carguero, la verdadera aventura recién comenzaría subiendo el monte Roraima.
En varios países es muy fácil toparse con puestos que ofrecen anticuchos de escorpión o tarántulas fritas. ¡Junta hambre!
Sobrevolé el Delta del Okavango, me encontré de frente con animales salvajes y hasta presencié danzas tribales.
Digan lo que digan, todas las playas de Tailandia son hermosas. Y, dependiendo de lo que estés buscando, sí o sí encontrarás tu paraíso.
Hace 20 años que no visitaba la Polinesia Francesa. En Papeete las cosas no han cambiado mucho, pero de todas maneras aprovecho la pasada para conocer la isla.
Mi viaje por el Amazonas continúa a bordo de un barco carguero algo incómodo, pero que hoy recuerdo con nostalgia.
El Alto se ha convertido en el ring de las cholitas luchadoras, que disfrutan trenzándose a combos. Foto: Flickr.com/clebermachado
Hace rato tenía en mente escaparme a algún lugar donde pudiera descansar el cuerpo y la cabeza al máximo. Y para llegar repuesta, ¿qué mejor que la isla feliz?
Cuando escuché por televisión el llamado a rezo de los musulmanes, quise convertir este sonido en un sueño cumplido.
Hay cosas en la vida a las que no hay que darles muchas vueltas, como un salto en bungee. Esta es la historia de cómo me dejé llevar por una idea loca y la disfruté como nada en el mundo.