Existen lugares en el mundo que, por muy alejados que estén, siempre sorprenden con lujos para viajeros.
No le tenía ni una fe y me llevé una grata sorpresa. Nunca he entendido mucho de autos, pero la Fórmula 1 es más que motores y ruedas.
Siempre estuvo en mi bucket list y en México pude vivir la experiencia de ver las pirámides de Teotihuacán desde el aire.
Sin conocer la Polinesia Francesa, creo que no me voy a querer ir nunca. Ya encontraré la manera de quedarme en este espacio que siento tan parte de mí.
Después de mucho viajar, sigo creyendo que lo más lindo que he visto en la vida está a sólo cinco horas de la ciudad donde nací.
Cinco días, más de 5 mil escalones, el más bello paisaje, aire puro y felicidad extrema resumen el mejor trekking de mi vida.
Me tatué una tortuga en la espalda soñando con nadar con alguna y, sobre todo, recorrer el mundo como ellas lo hacen.
Aunque quedan muchos checks por hacer en mi bucket list, por ahora me quedo con la felicidad de haber vivido esta experiencia.
Este viaje surgió de una conversación de amigas. Así que, antes de que el verano se llenara de panoramas, partimos a Perú.
Sueño volver a Filipinas y ver a los niños viviendo su infancia, el ecosistema siendo respetado y, por sobre todo, espero que su gente encuentre la dulzura y felicidad que ha perdido.
Nos aventuramos a un viaje por uno de los lugares que más soñaba conocer de este planeta: ese mar de arena dorada llamado Sahara.
A pesar de haber quedado cesantes el día anterior, mi pololo y yo partimos a nuestras merecidas vacaciones a Pucón. Por Andrea Gutiérrez.