Dormí siesta en un atolón frente a una laguna de colores, y nadé con tiburones y miles de peces. ¡Nada mejor para despedirme de este viaje increíble!
Mi primer acercamiento a las islas Cook fue espectacular: en Rarotonga me esperaban con un paseo en bicicleta y, además, con una linda –y espiritual– experiencia.
Con mi equipo de trekking renovado y un nuevo compañero de aventuras, hice una lista con los lugares que quiero caminar.
Con varios artistas en mi cabeza, viajé a Francia para descubrir la cuna del impresionismo y la fuente de inspiración de famosos cuadros.
Aunque al principio no me gustó la idea de quedarme en una pensión, dos días fueron suficientes para encantarme con esta manera de hospedaje en la Polinesia.
Sin muchas expectativas llegué a Hiva Oa, una de las islas Marquesas. Pero me sorprendieron. Y muy gratamente.
París todavía guarda rincones romanticones. Sitios que miran a los turistas desde lejos, saboreando la vida cotidiana de los parisinos.
El día amaneció feo y, con él, también mi ánimo. Pero en la Polinesia el clima puede cambiar de un minuto a otro y convertir un buen itinerario en un panorama espectacular.
En medio de un lindo paseo en bugi por Moorea, recordé mi primera visita a la isla, cómo esa vez me enamoré perdidamente y prometí regresar.
Hace 20 años que no visitaba la Polinesia Francesa. En Papeete las cosas no han cambiado mucho, pero de todas maneras aprovecho la pasada para conocer la isla.
Después de pensarlo y darle miles de vueltas, tomé la decisión: me voy a recorrer el mundo. Me voy sin itinerarios ni planes predefinidos. La sorpresa es la gracia de este desafío.
El Camino de Santiago es el lugar perfecto para salir a buscar historias. Para mí, los 800 km que me definirían como viajero.