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Ver koalas en el fin de Australia

 

Ver koalas y canguros puede ser lo básico al viajar a Australia. O al menos es lo que se piensa. Pero cuando uno de estos animales está en peligro de extinción y sabes que hay unos pocos en zoológicos, conocerlos en su estado natural puede ser algo difícil. Yo lo logré.  

 

Koalas en un árbol

Los koalas están en peligro de extinción

Australia ahora es quizás el destino de moda. Sé de muchos conocidos que han optado por la visa Working Holiday después de terminar la universidad, para irse a recorrer esas tierras trabajando como garzones o haciendo surf. Pero no fue mi caso. Yo quería conocer los koalas, aunque suene como un capricho de niña. Pero sí, eso quería yo.

A mi abuelo materno lo conocí tres años después de nacer. En los ‘80 se fue a vivir a Australia en búsqueda de nuevas oportunidades que pudieran ayudar económicamente a la familia que quedaba en Chile, sin saber que años después me ayudaría a mí con mi espíritu aventurero llevándome de vacaciones. Tenía 21 años y dos meses libres de verano en la universidad; hablaba con mi abuelo casi a diario por mail, hasta que un día nos encontramos planeando mis vacaciones a Australia.

Un 26 de diciembre de 2011 tomé vuelo a esas lejanas tierras para no volver hasta el 29 de febrero del año siguiente. Estaba lista para ver a mi abuelo, a mi tío Jorge y a su pareja Laura –que también viven allá- el Opera House, los canguros y, sobre todo, a los koalas.

Camila Figueroa en Australia

Feliz con los koalas del camino

Koalas, por fin

A fines de enero mi abuelo decidió tomarse vacaciones y partimos en un viaje por la carretera desde Newcastle, en New South Wales, hasta los 12 Apóstoles en Victoria. Ya conocía los canguros, había visto montones, vivos y muertos (en las carreteras, como se muestra en las películas).

Recorrimos muchos lugares hasta comenzar el rumbo hacia Cape Otway, donde queda el faro más al sur de Australia. Para llegar allí había un camino de tierra angosto y con muchos árboles alrededor. Casi al llegar vimos a un montón de turistas agolpados en un árbol sacando fotos; pensamos que era otro canguro muerto y no le dimos importancia hasta que pasamos por el lado y… ¡el sitio estaba lleno de koalas!

Me demoré medio segundo en bajar del auto (que seguía en movimiento) gritando como una loca “¡koalas! ¡koalas!”. Estaba en medio de un bosque con cientos de árboles y cada uno de ellos tenía uno, dos y hasta tres koalas. Un sueño.

Por fin entendía por qué el resto de la gente estaba sacando fotos como loca, y me sumé a ellos. Jugaba con el foco de mi cámara y apretaba el botón para guardar la mayor cantidad de imágenes posibles de estos animales tan característicos de Australia, pero tan difíciles de encontrar porque están en peligro de extinción.

Mientras algunos de los koalas dormían y otros caminaban entre ramas, yo me perdía en el bosque sacando y sacando fotos. Mi abuelo y tíos iban detrás de mí para no perderme de vista, pero yo ya los había olvidado. Estaba en otro mundo y a punto de tener un nuevo sueño cumplido.

A veces me pongo a pensar cómo pude quedar tan fascinada con este pequeño animal, pero no es para menos. Sólo se encuentran en Australia, y ver tantos y en su estado natural es una suerte que hay que saber aprovechar. Por eso no quería dejar nunca ese lugar y seguir con las vacaciones era algo que ya no me importaba. Pero no podía vivir como Tarzán (o en mi caso Jane) para el resto de mi vida sólo por el hecho de no querer perder de vista a estos koalas. Así que después de una hora sacando fotos y visitando árbol por árbol, me subí al auto hasta llegar al faro de Cape Otway, pero ahora con una sonrisa aún más grande en el rostro y con un check en mi lista de sueños cumplidos.

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Lugar:

Australia

Intereses:

Vida salvaje

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